11 ago 2010

Sol De Medianoche: El arrebato de la persona amada puede doler como mil punzadas en el pecho

Capítulo 2 : Hasta Pronto
Inmediatamente me puse de pie, me vi en el espejo y vi me cabello estropeado y como las lágrimas recorrían mi rostro.
Até mi cabello en una coleta y me lavé la cara. Luego me puse una camiseta, unos jeans ceñidos y unas botas.
Bajé las escaleras y fui a la cocina para preparar mi desayuno que, por supuesto, volvería a tomar sola, pues el resto de mi familia seguía durmiendo plácidamente.
La cocina era una pequeña habitación con paredes recubiertas de cerámica azul jaspeadas con celeste. El piso era de granito gris con blanco. Además había una lámpara algo pequeña de color azul.

Conduje en mi auto, una camioneta antigua de 1989, hasta que llegué a la Universidad.
Encontré a mi mejor amiga, Elena, era una chica alta, de la piel morena y hermosos cabellos rizados.

- Hola Reven - Me saludó amablemente - Vamos a la clase de inglés, que se nos hace tarde - Yo asentí con la cabeza.

En el pasadizo encontramos a varios compañeros de la clase de literatura. Pero a lo lejos pude notar los rizos dorados y la piel traslúcida esperándome en la puerta del salón de inglés.

- Hola Reven - Me dijo eso con aquella voz aterciopelada que me hace sentir tan especial, y con esa sonrisa pícara en el rostro que tanto me gusta.
- Hola Jake - Respondí en el mismo tono.
- El profesor no tarda en llegar, debemos apresurarnos - Dijo, mientras nos conducíamos hacia nuestra carpeta.

Por suerte yo me sentaba con Jake y adyacente a mí estaba Elena. Llegó el profesor y empezó la clase.
Cuando acabaron las clases y todas las personas que me estimaban me decían : ''Hasta pronto'', ''felices vacaciones''.

Recorrí los pasadizos hasta la salida, donde Jake ya se encontraba esperándome. Era una hermosa escultura de mármol, con cada facción perfectamente tallada.
No me dijo nada y abrió la puerta del del copiloto para que subiera - ¡Maldición!, otra vez no me dejará conducir - Repetí en mi mente. Estaba furiosa.
Condujo por la carretera, pero luego paró, se acercó a mí, tanto que podía sentir su aliento rociándome el rostro, y presionó sus fríos labios tallados en mármol contra los míos. La sangre hervía bajo mi piel y sentía la falta de aire. Empecé a jadear y con los labios entreabiertos dije - Gabri... - Y completé el nombre en mi mente. Jake despejó sus labios de los míos y de reojo pude notar una sonrisa de placer aunque esa felicidad no llegó a sus ojos.
En su mirada pude notar un dolor que carcomía su alma y una tristeza inmensa.

Llegamos a mi casa y desapareció inmediatamente.

- ¡Por Dios, que he hecho! -

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